miércoles, 26 de agosto de 2015

DISTORSIÓN

El grito se quedó mudo
cuando la niña no encontró
los lazos de sus trenzas de cilantro
en un espejo que lloraba tormentas
mientras ella repetía palabras turbulentas.

Y entonces se hizo cristales,
trazos de piel sin alma, sin males.
Clandestina al descubierto en la oscuridad
en un mar de lágrimas sin saber dónde flotar.
Se ahoga bebiendo penas inventadas.

Baila su cisne, su ego sin hogar
y ahora nadie puede, nadie puede
evitar su desconsuelo.
Una vida devorada a ras de suelo,
ilusiones presas de sus costuras.

Melena fiel de llamarada,
estallido sin control
condenada a estar sola,
perdida en una cama depravada
sin sedación, a puro dolor.

Sin aire por las mentiras
y con el brillo de sus ojos de catarata,
que reflejan los ecos de mi indiferencia
por los daños del frío
que hizo hielo y me quemó.

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